EDITORIAL

El primer número de la Revista AENOR de 2016 incluye unos contenidos que marcan nuevas orientaciones para los modelos productivos tradicionales. Se trata de la llamada Industria 4.0 y de Economía Circular. En el primer caso, estamos hablando de la que ya muchos denominan cuarta revolución industrial. La máquina de vapor determinó la primera revolución industrial en el siglo XIX, la segunda vino de la mano de la producción en cadena a principios del XX y a finales de éste la incorporación de las tecnologías de la información posibilitó que se automatizaran muchos procesos. La irrupción de las TIC en toda la cadena de valor de los procesos relacionados con la industria es lo que caracteriza a la Industria 4.0.  Un modelo en el que todo está interconectado y que permitirá, por ejemplo, que el cliente diseñe “a la carta” el producto que quiera recibir en su propio domicilio.

El concepto de Industria 4.0 surge en Alemania, pero como explica en estas páginas Bernhard Thies, Presidente de CENELEC, es una cuestión que interesa a todos los países industrializados. La integración es crucial en este modelo de industria y hablar de integración es hablar de estandarización;  por ello la normalización puede jugar un papel muy importante para su despliegue. Es tan amplio el campo de actividad que abarca que para determinar la forma de abordar este reto los organismos internacionales de normalización, ISO e IEC, han creado grupos estratégicos. España podría contar también con un grupo que hiciera seguimiento de ese trabajo y por ello desde AENOR estamos exponiendo esta iniciativa a todos los agentes implicados.

El segundo tema que implica un cambio productivo es Economía Circular. Esto es, acabar con el concepto tradicional de producir-consumir-tirar y apostar por las llamadas tres erres: reducir, reutilizar, reciclar. Este nuevo concepto busca imitar a la naturaleza, donde no hay residuo porque todo es fuente de alimento, y que los residuos de unos se conviertan en recursos para otros. Este cambio de modelo implica el compromiso y la participación de la administración, empresas y los propios ciudadanos. Para ayudar a las organizaciones en este nuevo reto AENOR ha desarrollado distintas herramientas de evaluación de la conformidad que reconocen las mejores prácticas. La certificación de Residuo cero reconoce a aquellas organizaciones que velan por evitar el vertedero como destino final reutilizando, reciclando o valorizando sus residuos para que se reintegren en el sistema como nuevos recursos o materias primas. La valorización se refiere al aprovechamiento de los recursos sin poner en peligro la salud humana ni usar métodos que causen perjuicio al medio ambiente. Su certificación reconoce el trabajo de productores de materiales que dejan de ser residuos.

 

Nuevos modelos

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